Santa Inés y Santa Lucía

ORIGENES

Santa Inés y Santa Lucía son dos municipios del distrito Barinas. Se trata también de un par de pueblos de origen colonial. No existía para 1786, año en que fue creada la Provincia, en virtud de real cédula expedida el 15 de febrero. Su nacimiento se aproxima a 1800. Para este año ya existían. Así lo corrobora un mapa de la época. En ese mapa puede verse a Santa Inés situado en la ribera derecha del rio Santo Domingo, cerca de las poblaciones de San José y San Lorenzo, hoy extinguidas. y Santa Lucía aparece ubicado en las proximidades de la confluencia de los ríos Santo Domingo y Pagüey, no lejos del caudaloso Apure. En el referido mapa, Santa Inés y Santa Lucía son clasificados en la categoría de pueblos de españoles.[1]

A propósito de Santa Lucia, aseguran ciertos papeles que fue fundado “a la margen derecha del Santo Dominguito, brazo del río Santo Domingo”, a fines del siglo XVIII, “por unos señores Rocas[2].

Por resolución de la independencia departamental, dada el 12 de marzo de 1829, la parroquia de San Juan Nepomuceno fue agregada a la de Santa Lucia, con sus partidos Ceiba, Roble, Cascabel y Guásimo. Pero en junio de 1843, atendiendo a la reclamación de un grupo de vecinos, el Gobernador de la Provincia mando a agregar la antigua parroquia de San Juan, a la de La Luz o a la de San Lorenzo del cantón Obispos. Resolución que también fue “reclamada” por varios vecinos de San Juan, por considerarla “perjudicial  a sus intereses y a la más fácil administración de la justicia”. Razones que la Diputación de la Provincia consideró ajustadas a la realidad de los hechos. Y, en consecuencia, el 28 de noviembre de 1843, sancionó una resolución para declarar subsistente lo acordado por la Intendencia Departamental en 1829.[3]

TESTIMONIOS DE CODAZZI

Por estar situados en tierras anegadizas, Santa  Lucía se hallaba constantemente amenazado por las aguas del río. Por eso, el Coronel Agustín Codazzi, Gobernador de la Provincia, dijo lo siguiente en 1846: “Santa Lucia debe hacer pronto con sus propis recursos, un lomo de perro de 500 varas, para impedir que las aguas inunden los contornos de la población, y con fondos nacionales, limpiar la boca del Santo Dominguito, para no quedar privada de la navegación: además, puede con sus vecinos abrirse un camino hasta Santa Inés, que no se inunda.[4]

Para la época de Codazzi, era Santa Lucía una parroquia próspera. Superaba a la de Barinas. Así lo ratifican la palabras del Magistrado: “¿Cómo puede ser Barinas capital interesante teniendo a pocos pasos a Barinitas, su hija con igual población, que progresa, y cuenta medios mayores con qué elevarse a una grande prosperidad? ¿Santa Lucía, otra de sus parroquias, que tiene mucha más población que la capital de la Provincia?[5]

NAVEGACIÓN, CORREOS Y ESCUELAS

Para 1830, Santa Inés y Santa Lucía eran dos parroquias del cantón Barinas en la Provincia de este mismo nombre.

Según decreto, emanado de la Diputación Provincial en 1835, debía establecerse en Santa Lucía un “distrito de inspección”, para un mejor funcionamiento de la navegación en la Provincia. El artículo quinto del citado decreto rezaba textualmente:” Para el mejor arreglo de la navegación de los ríos, se establecen ocho distrito de inspección, en Torunos, Santa Lucia, Obispo, Libertad, Nutrias, Guanarito, Pedraza, y Jujure, y los jefes políticos, con acuerdo de los consejos municipales, nombraran los inspectores para los distritos expresados” [6]

De acuerdo con una ordenanza de diciembre de 1841, se establecieron dos correos al mes, para que fuesen “de Barinas hasta Santa Lucía, por Caroní, Torunos y La Palma”. Debía abonársele a cada uno tres  pesos por viaje.

En el presupuesto de gastos de la Provincia, que debía regir desde el primero de julio de 1842 hasta el 30 de junio del 43, se previó una partida de 300 pesos, por concepto de sueldo anual del señor Manuel Marín, maestro de la escuela de las primeras letras de Santa Lucía; mas un sobresueldo de 120 pesos, por su buen desempeño al frente del mencionado plantel.

Un reconocimiento semejante sólo se le hizo entonces a Demetrio Hernández, preceptor en la parroquia Libertad; y a la señora Isabel Henrique, preceptora de la escuela de la ciudad de Guanare.

DATOS SOBRE LAS DOS PARROQUIAS

Santa Inés dejo de ser parroquia civil y quedó como parroquia eclesiástica. Por esta razón, dejo de figurar en la división política del cantón Barinas. Había mermado su importancia. En ello, parece que influyó la circunstancia de que la abandonaran muchos de sus vecinos representativos. Así se desprende de ciertas palabras del Coronel Agustín Codazzi. Dijo el ilustre geógrafo en 1846: “Santa Inés, necesita que los hombres influyentes de aquella parroquia vivan en ella para darle impulso”.

¿Pasaron a vivir en ella sus hombres influyentes? No lo sabemos. Pero es lo cierto que la parroquia eclesiástica de Santa Inés recuperó su rango de parroquia civil. Así lo acordó la Diputación de la Provincia, en virtud de ordenanza del 2 de diciembre de 1848. Con esta ordenanza, complació la Diputación a un grupo de vecinos que solicitaron el restablecimiento de “la antigua parroquia en sus efectos civiles”.

En dicha ordenanza, se fijaron los respectivos linderos. El artículo segundo, a la letra, decía: “Los linderos civiles de ella serán por el Norte, las aguas del río Sto. Domingo, desde el punto de los posones (sic) para arriba, hasta el antiguo paso del Guamito; por el Poniente, una línea recta desde el paso de Guamito mencionado hasta el Gallego en el río Pagüey; por el Sur, las aguas del Pagüey para abajo, hasta la boca de la Madre Vieja; y por el Naciente, desde la boca de la Madre Vieja referida, línea recta hasta tocar el primer lindero en el Sto. Domingo, sitio de los Posones  [7]

Conforme al censo que sirvió de base a las elecciones de 1846, las parroquias de Santa Inés y Santa Lucía aparecen, conjuntamente, con 3.910 habitantes.

Para 1850, la escuela de primeras letras de Santa Lucía era frecuentada por 30 alumnos. El preceptor percibía la remuneración de 300 pesos al año. Se trataba de un plantel de “segunda clase”, en el cual se enseñaban los siguientes conocimientos: leer y escribir, religión y aritmética práctica.

SANTA INÉS Y LA GUERRA FEDERAL

Al comienzo de la guerra federal, Santa Inés fue escenario de dos hecho que recuerda la historia. Nos referimos al fusilamiento del bandolero Espinosa y a la célebre batalla del 10 de diciembre de 1859, en que el General Ezequiel Zamora derrotó al ejército del gobierno.

A propósito de Martin Espinosa, nos dice Lisandro Alvarado: “Este fue el nombre del que llenó de terror, mediante su ferocidad salvaje e inhumana, a toda la comarca. Un cronista nos le pinta como un bárbaro de ojos verdosos, de expresión hosca y espantable. Su estatura más bien baja, su color avellanado tal cual  o aindiado. Completamente analfabeto, miraba como enemigo al que supiese leer o de color blanco. Vestía a la llanera, y hacíase acompañar en lo ordinario de otro ignorante que le servía de agorero en cierto modo y que por esta razón, llamaban el Adivino, cuyo papel era casi siempre designar las victimas usando de una cruz negra que al cuello guardaba. Con las prendas sádicas de un inquisidor, saciaba su venganza antes de la inmolación con el tormento y después con la expiación: ora clavada en la pared un cuerpo ya eventrado, ora lo aspaba con estacas sobre el suelo, ora obligaba al hijo de la víctima, porque velase el cadáver, a bailar de continuo en torno de éste; que no parecía sino que había oído leer el Infierno de Alighieri. Mujeres, viejos y niños emigraban como podían.[8]

Espinoza llego a reunir un ejército de de bandoleros. Parece que varias veces dio señales de querer atentar contra la vida de Ezequiel Zamora. Con astucia, Zamora aprovecho una ausencia de Espinosa, para “desmembrar las tropas del  malhechor” y eliminarlos físicamente.

Llegado el momento oportuno, Zamora se dio “a tomar una pronta determinación. Trasladóse sin pérdida de instante a Santa Inés, donde estaba Espinosa, y apoderándose  luego de él, hízole llevar sin fórmula de juicio, con una escolta que mandaban los oficiales Joaquín Rodríguez Guerrero y Juan Bautista García a la plaza del pueblecillo, donde al punto fue pasado por armas.[9]

Veamos el testimonio que nos ofrece otro historiador sobre las fechorías y el fusilamiento de Espinosa. “En Tucupido supo Zamora que Espinosa había intentado asesinar al cura Anzola de Santa Inés; porque no quería casarlo con una moza del lugar: pues, según fama, una de las locuras de este hombre era casarse en cada pueblo con la mujer que más le gustaba: y que igualmente había querido dar muerte al jefe civil de aquel lugar, porque no se prestaba a ejecutar las atrocidades que le ordenara.

Irritado al fin Zamora, con los excesos de este hombre empecinado, insensible a sus consejos y amonestaciones; y resuelto por otra parte a no consentir que el ejército se contaminara de inclinaciones al mal, determino fusilarlo; para que todos vieran que no toleraba en sus subordinados la perpetración de crímenes comunes, ni menos el militar de la desobediencia, deserción e insubordinación, ya tres veces cometido por Espinoza. De estos era el ultimo haberse resistido a incorporársele con sus tropas  para las operaciones sobre Guanare; alegando, desde Santa Inés, que no iba porque estaba herido en un pie. Cierto era lo de la herida, que se infirió cogiendo una res; pero también lo era que se valía de ella, como pretexto para no concurrir al llamamiento; con la circunstancia agravante de haber contestado a Amadeo Salcedo, Comandante que le llevo la orden citada, que Zamora mandaría en Barinas y Guanare, pero que en aquellos monte mandaba él. Bien era sabido que, después de muerto el adivino, único freno que le sujetaba, empezó a aconsejar a la fuerza de su mando que se desertara, como de allí a poco se vio suceder; pues no se allanaba a prescindir del sistema de desmanes con que caracterizo su carrera de militar, antes de subordinarse a Zamora.

A este fin partió Zamora de Tucupido con sus 23 acompañantes ordinarios, su guardia de 60 infantes, al mando de Mencía, y un escuadrón de caballería.

Llego a Santa Inés y entró de repente en la casa en que estaba alojado Espinoza, que había sido antes de pulpería.

Espinoza le recibió sentado, por su herida: y Zamora se le acercó para decirle cuánto sentía que sus indios no fuera a gozar del botín que se iba  coger en Guanare, pues él había dispuesto que todas las tiendas y pulperías, al tomar la plaza, se repartieran entre la tropa: y poco a poco fue avivando en Espinoza su ingénita pasión por el robo, hasta que al fin vino éste vino a consentir que su fuerza de infantería, no menor de trescientos hombres, se pusiera en marcha hacia Barinas, quedando él solo con su guardia de caballería.

Incontinenti puso Zamora esta tropa bajo la mano de sus edecanes Núñez y Gonzales con orden severísima de no pararse hasta Barinas y de allí a proseguir a Tucupido a incorporarse a la División del General Trías.

Y como Espinoza, siempre receloso, le preguntara a Zamora cómo podría defenderse, si lo atacaban los enemigos, contestóle diciendo que, en tal caso, pidiera auxilio a Pedro Manuel Rojas, que andaba por Nutrias, o a Linares, que se hallaba en Guanarito. Y sin perder tiempo, hizo rodear la casa con su gente de confianza, como guardia de honor de Espinoza, con instrucción de que la hiciera entrar en el cuartel de Mencía; como así lo hizo.

Esta guardia de caballería de Espinoza se componía de trece jinetes, que llamaban Las Trece Fieras, porque tenían nombres de animales feroces, a saber: Tigre, Caimán, Mapanare, Perro, Gavilán, Toro, Lobo, Caribe, etc. El que llamaban perro fue el único que se escapó, y se le presento a Zamora con cuarenta hombres la víspera de la Batalla de Santa Inés.

Zamora reunió alguno de sus oficiales en consejo de guerra; ordenó a Iriarte que instruyera un sumario a Espinoza; y con unas declaraciones que se tomaron sobre sus últimos homicidios, robos y desobediencias, se le condenó a muerte, y sin más dilación se le fusilo en la plaza.

Los Coroneles Juan Bautista García y Francisco Pulido sirvieron de Secretarios del Consejo: y un oficial de la guardia de Zamora mandó la escolta.

Así terminó la vida de Espinoza[10]

BATALLA DE SANTA INES

A propósito de la acción de Sata Inés, insertaremos las palabras de un testigo presencial. Se trata del testimonio del historiador Level de Goda. Dice así: “En el ataque y defensa que constituyen el combate de Santa Inés, se realizo cuando había previsto el general  Zamora. El ejército del gobierno pernoctó el 9 en La Palma y al siguiente día, al aclarar, se puso en marcha, avanzado sobre aquel poblado, por lo cual se tropezó inmediatamente con las primeras guerrillas federales resisten pocos y repliegan combatiendo en orden y conduciendo al trapiche al enemigo, que ya había perdido algunos hombre y seguía perdiendo más: llegan las fuerzas del gobierno al trapiche y sus inmediaciones y allí se traba un combate esforzado por ambas partes, comprometiendo en él los oligarcas o godos toda la primera división y parte de la segunda; al fin la posición cede y es ocupada por los que la atacan creyendo éstos haber obtenido el triunfo: no comprendía que se les entregaba aquel punto para atraerlos más y más. En el trapiche perdieron los federales pocos hombres muertos y heridos, cuando sus contrarios habían perdido triple número.

Terminaba la función de armas en el trapiche, el ejército del gobierno continuaba avanzando, mas enseguida vuelve a encontrarse con las trincheras federales y con un terreno fangoso e intransitable, y el combate crece y se hace reñido, recibiendo las fuerzas de dicho ejército fuegos de frente y por los flancos que le matan y hieren muchos hombres, cuando los federales no sufren si no insignificantes perdidas; y combatiendo así y avanzando, llegan aquellas fuerzas a la segunda línea fuerte de los federales: la primera había sido el trapiche, defendida por el General Ortiz y por los Coroneles Mora y Franco.

En segunda línea, de que era jefe el general Rafael Petit, el ataque y defensa son formidables, y hacen uso de su artillería los defensores del gobierno; se combate en este punto una hora, flaqueando por la derecha la brigada Caracas que junto con las demás fuerzas del ejército oligarca, comprometidas allí, combaten duramente; logran hacer replegar la emboscadas federales y toman posesión de dicha línea, que se les abandona. En este reñido y sangriento combate, pierde el ejército del gobierno, entre muertos y heridos de tropa, unos ciento cincuenta hombres, y veinticinco jefes i oficiales heridos, de estos el coronel Jelambi, cuando los federales no perdieron sino poquísimos hombres, resguardados como estaban por sus trincheras. El trapiche y casa en piernas o caney, quedaron convertidos en hospital de sangre y se llenaron.

Seguidamente el combate que hemos referido, se efectuó otro ataque a la derecha del camino, contra una trinchera que podría decirse hacia parte de la segunda línea, la cual se consideraba muy fuerte: la ataca el comandante Pérez Arroyo con la columna Carabobo de su división, y la toma; pero a costa de mucha sangre y de grandes pérdidas por su parte. ¡Con cuanto valor pelearon todo ese día los hombres de aquel ejército del gobierno! Necesario era hacerlo constar.

Era pasado más del medio día y faltábale  a los defensores del gobierno atacar y tomar lo más difícil, la tercera línea de los federales, cuya base y punto más fuerte era la trinchera de la encrucijada, muy bien apoyada por sus flancos; y tomada esta línea irían a caer de seguida sobre la última, casi inexpugnable, en el propio poblado.

El ejercito de gobierno, aunque un tanto desalentado ya a causa de las pérdidas sufridas y de combates tan continuados, en los cuales no obtenía otra ventaja que la de ir avanzado para perderse, siguió adelante, yendo a vanguardia la segunda división y una brigada de la tercera; – la primera estaba destrozada y estas fuerzas se encontraron con la gran trinchera de la encrucijada y con sus punto de apoyo. Allí se libra un combate terrible en que los defensores del gobierno hacen esfuerzos extraordinarios comprometiendo casi todas sus tropas y la artillería; pero es en vano: los fuegos federales, de frente y por los flancos, derriban unos tras otros a muchísimos de las fuerzas del gobierno, de las que, compañías casi enteras perecían haciendo esfuerzos inauditos

Y como en el ataque a la trinchera de la encrucijada, infantes y artilleros cayesen heridos o muertos por los fuegos federales, una de sus piezas de artillería quedó sola, abandonada, en el camino real: sus defensores habían tenido que plegar un poco para guarecerse de los mortíferos fuegos de sus contrarios, más, al plegar, lo hicieron quedando en capacidad de defender, aunque a distancia, la pieza abandonada.

En esa situación, comenzaron a trabarse sangrientos combates parciales, porque los federales trataban de apoderarse de dicha piezas y sus contrarios se esforzaban para no perderla y más bien recuperarla.

En estos pequeños combates hubo unos federales que ostentaron gran valor, en primer término, el capitán Castez;  y en esa lucha sobre el cañón llego la noche.

Combatiendo de la manera más esforzada sobre la gran trinchera, fuerzas del gobierno hicieron un movimiento por su flanco izquierdo en terreno cenagoso, movimiento este previsto por el general Zamora, quien había situado por esa parte, en el bosque, algunos fuerzas con los generales Trías y Aranguren: aquellas atacaban a éstas rudamente, pero sin éxito, y también tuvieron que replegar habiendo sufrido grandes pérdidas.

Aunque había entrado la noche de dicho día 10, y en el campamento de los defensores del gobierno se había dado repetido profusamente el toque de silencio, no cesaba el tiroteo; al principio muy flojo y en ocasiones muy nutrido, pero sin avanzar ninguno de los combatientes; los tiros se dirigía especialmente sobre el punto en donde estaba la pieza abandonada, pues cada uno de los contendores quería impedir que el otro se apoderase de ella. Mas a la media noche, el comandante Rubín, que peleaba a vanguardia desde la tarde, recibió orden del coronel Casas para que hiciese esfuerzos y se apoderara del cañón, “porque estando resuelta la retirada, que comenzaría a hacerse en seguida, sería una vergüenza dejárselo al enemigo”. Fueron estas las palabras del ayudante que comunico la orden de Casas.

Sabia Rubín que combatiendo a guerra galana no recuperaría aquella pieza sino a costa de muchas vidas, y ocurrió a un expediente que le dio el resultado a que aspiraba, sin perder más hombres: de entre sus tropas escogió dos o tres soldados de los más negros, los hizo desnudar, y en momentos en que habían interrumpido los fuegos los mando a que amarrasen el cañón con unas largas sogas, para después tirar de lejos y sacar la pieza rodada por el camino, sin peligros. A favor de la oscuridad aquellos negros desnudos no debían ser vistos ni aun sospechados a causa de sombra alguna; pudieron por consiguiente, cumplir su cometido, y de este modo lograron los defensores del gobierno recuperar, poco después de media noche, aquel cañón que tanta sangre había costado.

Algún ruido hizo la pieza al rodar, y entonces comenzaron los fuegos de fusilería que a poco fueron muy nutridos por parte de las tropas del gobierno, fuegos estos que eran percusores de la retirada de dichas tropas, la cual comenzó entre una y dos de la madrugada.

En la tarde del 10, ya al oscurecer, contento y satisfecho se mostraba con razón el General Zamora, y se preparaba para entregarle a los enemigos, en la mañana siguiente, aquella tercera línea en la que tanto se había combatido quedando las tropas del gobierno, y en la cual podían continuar los federales defendiéndose con un brillante éxito; pero como lo hemos dicho, Zamora se proponía no sólo vencer al ejército enemigo, sino también coger prisioneros los restos que de él quedasen después de tanto combatir, y para ello necesitaba llevarlo al propio poblado de Santa Inés, donde debería librarse el último combate; y de aquí la resolución de aquel general de abandonarle a sus contrarios la penúltima línea de defensa.

El plan de Zamora quedó frustrado en su última parte, a causa de haber ordenado la retirada los jefes enemigos, retirada que determinaron, por una parte las grandes pérdidas sufridas, y por otra, el hecho de no tener ya con qué alimentarse, porque los ganados que llevo a Santa Inés el ejército del gobierno, se perdieron durante el combate; y también debería determinar aquella retirada la circunstancia de que fuerzas del gobierno tomaron prisioneros a una persona de la tropas federales, la cual les dio informes respecto de las posiciones de éstas y de lo que les aguadaba si lograban tomar la línea en que combatían y seguían adelante.

Cuando emprendieron la retirada las fuerzas del gobierno, estaban éstas reducidas a mil seiscientos cincuenta hombres de tropa, de los cuales unos cuatrocientos iban ocupados con los heridos, parque e impedimenta: lleváronse de Santa Inés doscientos cincuenta heridos de tropa y cincuenta y cuatro jefes y oficiales, casi todos éstos en hamacas; y habían dejado en el campo de batalla doscientos y mas heridos y unos quinientos muertos.

La pérdida del ejército del gobierno en esa sangrienta batalla pasó de mil hombres entre muertos y heridos. ¡Mucho mas de la tercera parte!, lo cual es extraordinario y sorprendente. Aunque del Tocuyo, como lo sabe el lector, dicho ejercito salió con tres mil hombres de tropa, aproximadamente, en la marcha hasta Santa Inés había perdido muchos soldados por deserciones; y también en la ciudad de Guanare había quedado una pequeña fuerza con el comandante Manuel Herrera.[11]

POBLACION Y PRODUCCION

Según el censo de 1873, el distrito de Santa Lucia contaba con 444 casas y 2.198 habitantes; y el de Santa Inés, con 203 casas y 986 moradores.

Como consecuencia de la guerra federal, los cantores se habían convertido en departamentos, y las parroquias en distritos. Hora los distritos Santa Inés y Santa Lucia pertenecían al departamento Barinas.

En una publicación oficial de la época, se dice que el distrito Santa Inés producía anualmente 50 quintales de café, en dos plantaciones con 7.000 árboles.  Dieciséis cuadros de caña dulce daban 8.000 venezolano en papelón y aguardiente, para el consumo y expendio. Trescientas reses mansas producían 75 becerros; y cuatro bongos eran destinados para la navegación del rio.

Santa Inés contaba, además, con buenas sabanas para la cría, y con tierras para sembrar maíz, plátanos, caraotas y otros frutos, que servían para el consumo interno y para la venta en Nutrias. También se sacaban 50 cueros de res.

El distrito Santa Lucia producía al año 200 petacas de tabaco cura seca y 100 “damesanas” de aceite de corozo. Doce cuadros de caña de azúcar daban 6.000 venezolanos en papelón y aguardiente. Quinientas reses mansas en pequeños rebaños producían 125 becerros y 150 cueros. Se cosechaban frutos menores: arroz, maíz, plátanos, caraotas y otros, para el consumo. Seis bongos eran utilizados en la navegación de los ríos.

Conforme al artículo tercero de la Ley de División Territorial del Estado Zamora, sancionada por la legislatura el 18 de noviembre de 1880, los vecindarios del extinguido distrito La Palma fueron incorporados al distrito Santa Inés. Había entonces en el distrito un sitio, Gallego, y once vecindarios: Aceituno, Bototal, Corozal, Cucharo, Extramuros, Garzas, Madre Vieja, Morrocoy, Palma Sola, San Lorenzo y Santa Bárbara.[12]

Según el censo de 1881, el distrito Santa Inés contaba con 225 casas y 1.120 habitantes; y el de Santa Lucía, con 312 casas y 1.455 personas.

Dentro del perímetro del pueblo de Santa Inés vivían 368 habitantes; y en el de Santa Lucía, 196.

El censo de 1891 ofrece los siguientes resultados. El municipio Santa Lucía (antes distrito) tenía 538 viviendas y 1.141 habitantes. El de Santa Inés, 381 casas y 755 personas. Dentro del casco del pueblo de Santa Lucía, 140 personas habitaban en 27 casas. En el pueblo de Santa Inés, 46 casas eran ocupadas por 238 habitantes.

De acuerdo con el censo de 1926, en el municipio Santa Inés había 82 casas y 444 habitantes; y en el de Santa Lucía, 158 viviendas y 724 personas.

Los últimos censos arrojan los siguientes datos. El pueblo de Santa Inés tenía 107 habitantes en 1941; 81 en 1950; 257 en 1961 y 391 en 1971. Santa Lucía contaba con 99 habitantes en 1941; 200 en 1950; 560 en 1961 y 619 en 1971.

MUDANZA DE SANTA LUCIA

Santa Lucía no se encuentra hoy en el asiento original. Hace varias décadas, fue trasladado al lugar donde actualmente se halla, a la margen derecha del Santo Domingo. Una fuerte creciente del rio obligo al traslado.

Creciente que se efectuó el 16 de agosto de 1933. Entonces el pueblo contaba con tres calles principales, que la gente denominaba calle del monte, calle real y calle del rio, respectivamente.

Como la creciente se iba “comiendo” la calle del rio, y se acercaba en forma amenazadora hacia las viviendas de la población, los vecinos colocaron una especie de balsa de caña brava. Nada logro detener a las aguas.

Como a las tres de la tarde del referido 16 de agosto, un torrente se llevó la troja de caña brava, y el Santo Domingo hizo cauce con la calle del rio.

Los Santos de la iglesia fueron conducidos al lugar donde surgió el nuevo pueblo, en una sabaneta donde había un potrero. Un mes después, cuando las aguas bajaron, podían verse las casas de la primitiva Santa Lucía, derrumbadas, y los restos de unas cuantas gallinas y marranos que perecieron en la inundación.[13]

PUNTO FINAL

Con las palabras anteriores, ponemos fin a este capítulo sobre Santa Inés y Santa Lucía. Dos pueblos que tienen sus raíces hundidas en el pasado colonial. Dos poblaciones de las menos favorecidas por el progreso que actualmente experimenta el Estado Barinas.

TOMADO DE: Tosta, Virgilio. Ciudades, Villas y Pueblos Barineses. Caracas: Editorial Sucre, 1977, pp. 224.232

Transcripción: Liseth Marques. Agosto 2010


[1] Se trata de un mapa de la antigua Provincia de Barinas. Fue elaborado hacia 1798 y enviado a la Corte de Madrid, junto con el expediente relativo a la solicitud que entonces hizo Barinas, para que se erigiese en su territorio un Obispado. El original de este mapa se encuentra en el Archivo General de Indias, Sevilla.

[2] “Apuntes Estadísticos del Estado Zamora”, formados de orden del General Guzmán Blanco, Presidente de la República, Caracas, Imprenta Federal, 1876.

[3] Esta resolución se encuentra en la “Recopilación de las Ordenanzas, Resoluciones y Acuerdos vigentes de las expedidas por la Honorable Diputación Provincial de Barinas hasta el año de 1849”, Barinas, Imp. Por José Francisco Arteaga, año de 1850.

[4] “Exposición que dirige a la H. Diputación Provincial en su reunión ordinaria de 1846, el Gobernador de Barinas, Coronel  Agustín Codazzi”,  Caracas, Imp. Por George Córser, 1846.

[5] Idem

[6] “Decreto arreglando la marina de los ríos”, sancionado por la Diputación Provincial el 5 de diciembre de 1835.

[7] Ver recopilación de Ordenanzas, Resoluciones y Acuerdos publicadas en 1850, ya citada

[8] Lisandro Alvarado, “Historia de la Revolución Federal de Venezuela”, Caracas, Editorial Ragón, 1956.

[9] Idem

[10] Laureano Villanueva,  “Ezequiel Zamora”, Barquisimeto, Editorial Nueva Segovia, 1955.

[11] L. Level de Goda, “Historia Contemporánea de Venezuela,   Política y Militar”, Caracas Imprenta Nacional, 1954.

[12] En esa época, el distrito Santa Lucía tenía once vecindarios, a saber: Bolaños, Calleja, Camino de San Juan, Caroní, Ceiba, Corozal, Guacheseco, Guásimo, Playón, Sabana Grande y Sabaneta.

[13] Agradecemos estos datos a los señores Epifanio Antonio Segura y Ramón Feliciano Castillo. Me los suministraron delante de los señores Antonio Tazo y Doctor Alexis Sokoloff  Saveliev, en Santa Lucía, en una vista que hicimos a este querido pueblo el 15 de septiembre de 1973.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s