Pueblos Barineses

TORUNOS.

UN VOCABLO Y UN SITIO POBLADO

El vocablo Torunos es de origen indígena. Según el testimonio de diferentes autores, entre los grupos de indios que poblaban la vasta geografía barinesa, se hallaban los Torunos. A los indios Barinas, Torunos, Canaguaes, Suripaes y otros, se refiere, en una de sus obras, el doctor Julio C. Salas [1]

A mediados del siglo XVIII, Torunos era también un caserío o vecindario en la jurisdicción de la ciudad de Barinas. Así lo corrobora un Documento del 9 de julio de 1749. Se trata de una “información instruida” aquel año en la viceparroquia de San Antonio de los Cerritos, lugar donde fue trasladada oficialmente, un decenio más tarde, la Ciudad de Barinas, Precisamente, la información fue levantada con motivo del proceso, como es bien sabido.

A propósito de la citada información, fueron llamadas a declarar varias personas de Barinas; entre ellas, los capitanes Fernando Dávila Rendón, Nicolás Briceño y José Francisco Villafañe;  los alféreces Juan Francisco del Pumar y Francisco Gómez Rubio, y los señores Juan Salvador Gallardo y José del Callejo.

Por cierto que, en dicha información, el testigo Juan Salvador Gallardo manifestó haber escuchado decir que, para viajar del pueblo de los Cerritos hacia el Apure, era necesario “pasar por la parroquia de Obispos y otros distrito poblados”, como San Lázaro, Torunos, Iguanas”, la misión de San Vicente, etc.[2]

La verdad es que Torunos,  al igual que otros sitios, se fue poblando en la primera mitad de siglo XVIII, con vecinos de la Ciudad de Barinas. Gente que abandono a la antigua ciudad de la mesa de Moromoy, para establecerse en diferentes parajes, a fin de dedicarse a menesteres agrícolas y pecuarios.

Un padrón realizado en 1738, por orden del señor don Nicolás Francisco de la Viadas, Juez Superintendente de la Santa Cruzada y Visitador Eclesiástico, revelo que la feligresía del pueblo de Obispo estaba compuesta por unas 1500 personas. Sin contar 40 familias que fueron echadas de aquellas jurisdicción por los alcaldes ordinarios de la Ciudad de  Barinas.

Era más de 150 sujetos  que se marcharon a la zona de Guanare en la Provincia de Venezuela. Tampoco figuraban en el referido padrón los vecinos que moraban en dos sitios denominados Torunos y Hato de Hurtado, agrupados en otras 40 familias.

PUERTO DE BARINAS

Después de la mudanza de la ciudad de Barinas al asiento que hoy ocupa, Torunos vino a convertirse en el puerto de dicha ciudad, facilitando los contactos con Apure y Guayana.

Con el arribo de don Fernando Miyares Gonzales, en 1786,al Gobierno de la recién creada Provincia de Barinas, Torunos situado a unas cuatro o cinco leguas de la capital de la nueva Comandancia, consolido su condición de puerto. Como consecuencia de la orden dada el 21 de marzo de 1787 por el Intendente Saavedra, en abril de ese año, el señor don Antonio de Roxas quedo encargado “del resguardo del rio Santo Domingo y de reconocer las guías de lo que entra y sale por Puerto de Torunos…”

Río Santo. Domingo frente a la localidad de Torunos. Fotografía años 20. Autor desconicido. Col. Archivo Digital Departamento de Patrimonio-IAMCYPA

Con la limpieza del río Santo Domingo, realizada en los primeros meses del mismo 87, podía navegarse con toda comodidad desde Torunos hasta el Apure y el Orinoco. Hecho que determinó que el Gobernador Miyares pensara en la conveniencia de trasladar para Torunos la factoría del tabaco y los almacenes, entonces en Guanare.

SEDE DE LA FACTORIA DEL TABACO

En dos oficios de fecha 14 de enero de 1788, don Fernando Miyares expuso su idea a don  Esteban Fernández de León, Director de la renta del tabaco en Caracas. Este funcionario aprobó la idea del traslado;  así como también el préstamo de 10.000 pesos, concedido a los señores Felipe Méndez, Pedro Briceño y Juan Antonio Traspuesto, en virtud de la oferta formulada por ellos, en el sentido de conducir, a razón de 20 reales cada carga de tabaco de a 8 arrobas netas, desde la factoría de Torunos hasta Guayana[3]

Para 1790, la factoría de Torunos estaba a cargo del señor José Manuel Eguiño. En correspondencia del 23 de diciembre, este empleado decía al Gobernador Miyares que se había recibido ese año en los almacenes de la factoría, 6683 quintales y 2 arrobas de tabaco: 4262 quintales y tres y media arrobas de “primera suerte”; 2278 y tres y media de “Segunda suerte”; 132 y tres y media de “tercera suerte”, y 8 quintales y tres y media arrobas de tabaco “deshecho e inútil”. Este producto correspondía a la siembra efectuada el año 89.

Según la matricula que se formó en 1790, el cultivo de tabaco alcanzó a 21.659.000 plantas, que hubieran podido dar una cosecha de 16.000 quintales, “calculándose sobre 3 arrobas por cada mil matas”. Pero no fue así, por obra de los “recios aguaceros” caídos en el mes de octubre, y porque después no llovió “absolutamente nada”. Semejante situación produjo “ruinas considerables” en las sementeras de tabaco. Y, según el “estado actual de la plantación”, la cosecha de 1791 podía llegar de 7.500  8.000 quintales.

El establecimiento de la factoría del tabaco en Torunos hizo que el lugar progresara con rapidez. Para 1790, ya era una viceparroquia, ubicada “en este lado del rio Santo Domingo, con el nombre de San Judas Tadeo”, frente a los almacenes reales del tabaco. Viceparroquia que era atendida entonces por “el cura del inmediato pueblo de Caroní”. Así lo corrobora una certificación expedida el 6 de diciembre por el doctor Esteban Antonio Gutiérrez de Caviedes, vicario  de la Ciudad de Barinas. En dicha certificación, afirmaba el padre Gutiérrez que se habían fundado varias parroquias y viceparroquias en diferentes sitios, a instancias del Gobernador Miyares Gonzales, para realizar una “mejor administración espiritual, política y civil de los habitantes en ellas”.

VENTAJAS DE UNA RUTA

El tabaco cura seca que se cultiva e Barinas, en razón del estanco establecido por España, era  extraído por la Corona y enviado a la ciudad de Amsterdam, para cumplir los contratos firmados por Holanda.

En correspondencia de octubre de 1786, el Gobernador Miyares demostró al Intendente de Caracas la mayor utilidad que resultaría, al preferir para extraer el tabaco, la navegación de los ríos Santo Domingo, Apure y Orinoco Hasta Guayana, en vez de su conducción por tierra a Puerto Cabello, como se venía haciendo. Los cálculos que presento Don Fernando Miyares  eran concluyentes. Veamos.

Suponiendo una cosecha regular de 2500 cargas de a 2 quintales cada una, se obtenían los siguientes resultados. Su conducción de Barinas a Valencia, a razón de 7  pesos por carga, costada 17.500 pesos; y su traslado de Valencia a Puerto Cabello, a razón de 2 pesos la carga, alcanzaba a 5.000 pesos más. Total: 22.500 pesos.

El traslado a Guayana resultaba mucho más barato. El flete de la misma cantidad de tabaco, desde Barinas a Torunos, a razón de 2 reales la carga, valía 625 pesos; y el flete de Torunos a Guayana, a razón de 3 pesos la carga, subía a 7.500 pesos. Total: 8.125 pesos.

Por tanto, la conducción del tabaco a Guayana produciría un ahorro anual de 14.375 pesos. Esto sin tomar en cuenta los gastos que era preciso realizar en cueros para forrar las petacas destinadas al tránsito terrestre;  ni los jornales que había que pagar a los hombres que se empleaban en este menester. Semejantes gastos pasaban de los 1.000 pesos. Esta cantidad debía sumarse al ahorro que producía la ruta de Guayana. Pero había aun otras ventajas. Por ejemplo, no debía olvidarse la importancia que tenía para la recién creada Provincia de Barinas su intercambio con la de Guayana y la Isla de Trinidad. Decía al respecto don Fernando Miyares: “es preciso que estas tres porciones tengan una conexión mutua en sus intereses para ser felices y estar bien asistidas, lo cual no puede verificarse sin dar vigor a l navegación de los ríos, por medio de la extracción de los tabacos, que es el renglón fuerte capaz de sostenerla”.

Para ello, debían construirse lanchas y bongos proporcionados al tráfico.

De esta manera, se lograría crear un buen cuerpo de bogadores y marineros que, endurecidos con la fatiga de este continuo ejercicio, podían ser muy útiles en las ocasiones en que fuera preciso auxiliar a Guayana o a Trinidad, bien fuera en la conducción de víveres o de milicias, o de gente de trabajo para las obras, “sirvientes de artillería”; así como de sus propias personas en casos urgentes.

Otra ventaja ofrecida por el empleo de esta ruta estribaba en el verdadero estimulo que daría a los labradores contar con un transporte más fácil y barato a sus frutos de España. Tornarían de Castillas y de Trinidad toda clase de géneros, plata y esclavos  cambio de carnes, sebo y granos.

Los funcionarios de Caracas acogieron las razones del gobernador de Barinas. En consecuencia, la factoría del tabaco y los almacenes fueron trasladados a Torunos, como se dijo antes.

EL ASTILLERO DE TORUNOS

Para facilitar la navegación con Guayana, el Gobernador Miyares González hizo establecer en el puerto de Torunos un pequeño astillero, destinado a fabricar las embarcaciones necesarias para la conducción del tabaco.

A mediados de 1788, se dio a la navegación la primera unidad construida en el modesto astillero de Torunos. En ella remitió el magistrado de Barinas, con destino a don Antonio Valdés, Superintendente General de Real Hacienda de las Indias, tres cajones con excelentes muestras de cacao, añil, café y algodón, frutos producidos en la Provincia. Con entusiasmo no disimulado, el Gobernador barinés hizo la descripción de la nave: “·Tengo el gusto de verificar la conducción de los referidos tres cajones de esta capital al puerto de Guayana, en el primer barco chato o champán que sean construido para facilitar la navegación de los ríos Santo Domingo y Apure  al Orinoco. Cuyo buque es capaz de 250  quintales, y solo cala dos pies de agua, quedando puesta las quillas para otros dos mayores, y trabajándose continuamente por parte de otros vecinos a fin de aumentar el número de embarcaciones que deben ejercitarse en este giro interior.[4]

Pronto fueron terminadas las dos embarcaciones aludidas por el Gobernador Miyares. Eran también dos barcos chatos y campanes, a lso cuales el magistrado barinés se complació en describir. Tenían “cincuenta y cuatro pies de quilla;  diez y ocho de manga y seis de pozo que forman un buque capas de de ochocientas petacas de tabaco de a quintal cada una, siendo mucho mayor el peso que pueden admitir de carga menos voluminosa, con la ventaja de navegar en solo dos pies de agua que es cuanto se deseaba para el comercio de estos ríos, y seguridad de los cargamentos que hasta ahora no ha sido posible conseguirse por falta de barco proporcionados, y de conocimiento para su construcción, cuyo obstáculo queda vencido por la fortuna de haber logrado a costa de las más eficaces diligencias un maestro bastante practico ene el oficio, de que ha resultado la utilidad de instruirse algunos oficiales de carpintería que puse a su lado; de modo que la misma facilidad que ya se advierte en este trabajo tiene ánimo de muchos vecinos a emprender la construcción de champanes tan preciso para el mutuo comercio de esta provincia con la de Guayana, y la extracción de sus frutos para Europa por el Orinoco, que es el único conducto que puede producir muchas ventajas como he demostrado a V. E. anteriormente, por el práctico conocimiento que tengo de estos países, sin perder de vista la proporción de auxiliar con gente y víveres las posesiones de Guayana y Trinidad en caso de ser tacadas por los enemigos, lo que sería absolutamente difícil no habiendo barcos ni menos bogas que solo se hacen con el ejercicio, todo lo cual espero sea del agrado de V. E.[5]

Como puede apreciarse, el establecimiento del astillero en torunos fue una sabia providencia tomada por el Gobernador de Barinas, para acelerar el progreso de aquella extensa Provincia.                                 

GESTIONES EN TORNO A LA FACTORIA

A poco tiempo de establecida la factoría del tabaco en Torunos, se inicio una campaña para lograr su traslado a la Ciudad de Barinas. En esta campaña intervinieron el cabildo y los gobernadores. En 1791, se dieron algunos pasos en tal sentido. Parece que la solicitud relativa al traslado fue un iniciativa del ayuntamiento barinés.

En comunicación de fecha 14 de febrero de 1794, don Fernando Miyares planteó al Intendente de Ejército y Real Hacienda dicho asunto. Se refirió al desamparo en que se hallaban los caudales de la renta en la factoría de Torunos, “por no tener otra custodia que la de los tres empleados en un sitio desierto, y sin recurso de auxilio pronto”. Y trajo a colación los frecuentes robos ocurridos en 1793, “en varias casas de campo” de la Provincia, cometidos por los indios guamos, en connivencia con otros facinerosos.

Mas tarde el gobernador don Miguel Ungaro – sucesor de Miyares – insistió en la necesidad del traslado. Concretamente, le propuso al Intendente General en Caracas que fuese creada la administración general del tabaco en la Ciudad de Barinas, y se dejasen en Torunos los almacenes para la recolección del tabaco y la entrega a los buques que debían conducirlo hasta Guayana.

Pasaron varios años y la situación seguía siendo la misma. Para 1801, nada se había resuelto. Independientemente de las razones alegadas por el cabildo de la Ciudad de Barinas y por el Gobernador de la Provincia, o cabe duda de que el establecimiento de la factoría del tabaco en Torunos, fue motor importante del progreso de este pueblo; pues la gente, movida por el interés material, acudía a Torunos y abandonaba otros lugares. Don Pedro Alcántara Espejo, síndico procurador general del cabildo de la Ciudad de Barinas  en 1801, no vaciló en afirmar “que decaía la capital” porque muchos de sus vecinos, atraídos  por el dinero “que se repartía en Torunos” emigraban  a él, donde podían “hacer negociaciones al contacto lícita o clandestinamente”. Y agregaba de manera textual el síndico procurador: “Es constante la concurrencia de casi toda la provincia en el presente tiempo de la recolección de tabaco en el Puerto de Torunos, unos a entregar sus cosechas, otros a cobrar sus débitos particulares, otros a expender sus pacotillas y otros a participar en la feria del ensanche que con semejante concurso en aquel desierto admiten todos los vicios y se forma una sentina de juegos prohibidos, de embriagueces, brujos y liviandades, etc., que causa horror el pensarlo”.

INFLUENCIA EN EL COMERCIO

El papel jugado por Torunos en las relaciones comerciales de Barinas fue de mucha significación. Un testimonio de 1800, por Alejandro de Humboldt, confirma tal importancia. Son palabras del sabio alemán: “El 9 de junio, al amanecer, encontramos un gran número de botes cargados de mercaderías, que remontaban el Orinoco a la vela para entrar en el Apure. Es una ruta comercial muy frecuentada entre Angostura y el puerto de Torunos, en la Provincia de Barinas”.  Y agrega el ilustre visitante: “En cuanto al comercio interior, el de la provincia de Barinas es más activo.

Esta Provincia envía a Angostura mulos, cacao, añil, algodón y azúcar, para recibir géneros,  es decir productos de la industria manufacturera de Europa. He visto salir largas embarcaciones (lanchas) cuya carga se evaluaba en ocho o diez mil piastras. Estas embarcaciones remontaban primero el Orinoco hasta Cabruta, luego el Apure hasta San Vicente, y finalmente el rio Santo Domingo hasta Torunos, que es el embarcadero de la Nueva Barinas.[6]

DESPUES DE LA EMANCIPACION

Para 1830, Torunos era una de las once parroquias que formaban el cantón Barinas en la Provincia del mismo nombre. Parroquia que en 1846 tenía 832 habitantes; y en 1850, contaba con una escuela de primeras letras para 20 alumnos; cuyo preceptor ganaba al año 200 pesos de sueldo.

Según  el censo de 1873, el distrito Torunos (antes parroquia) tenía 114 casas, habitadas por 559 personas: 257 varones y 302 hembras.

Conforme a una publicación oficial de 1876, el distrito Torunos producía anualmente 50 quintales de café en siete pequeñas labranzas, con 10.000 árboles, más o menos. El valor de este café, sumado a lo que se cosechaba en una plantación de caña de azúcar de cinco cuadras, subía a 2.500 venezolanos. El distrito producía, además, 100 cueros de res por año. 350 cabezas de ganado manso daban 88 becerros.  Una docena de carros tirados por bueyes se utilizaba en el tránsito entre Barinas y Torunos. 22 bongos eran empleados para llevar los frutos a Puerto de Nutrias. La matricula de marineros contemplada 80 individuos, dedicados a los menesteres de la navegación.[7]

Según el censo de 1881, el distrito Torunos contaba con 94 casas y 498 habitantes. El casco del pueblo tenía 67 viviendas habitadas por 325 personas.

Con el paso del tiempo, el municipio Torunos vio mermada su población, debido a las causas conocidas por todos. Según el censo de 1926, solo contaba con 68 casas y 366 habitantes. Situación que empezó a cambiar a partir de la década del 30.

Casa de comercio frente al río Santo Domingo. Torunos. Fotografía años 20. Autor desconocido. Col. Archivo Digital Departamento de Patrimonioi-IAMCYPA

Los últimos censos ofrecen los siguientes resultados. El  municipio Torunos tenía 377 habitantes en 1941; 623 en 1950; 1.457 en 1961 y 1.372 en 1971. Limitándonos a solo casco del pueblo, diremos que Torunos contaba con 207 habitantes en 1941; con 246 en 1950, 678 en 1961 y 739 en 1971.

EL RECUERDO DE UN SACERDOTE

A poco terminada la guerra de la Independía, fue cura de Torunos el padre José de los Ángeles Cano, virtuoso clérigo que había nacido el 20 de octubre de 1804 en el pueblo de San Lázaro,  en la antigua Provincia de Trujillo. Por motivo de enfermedad, el padre Cano permaneció poco tiempo en Torunos y fue trasladado a la parroquia trujillana de Quebrada Grande, de la cual tomó posesión en 1829.

Templo Parroquial de Torunos. Fotografía años 20 (siglo XX). Autor desconocido. Col. Archivo Digital Departamento de Patrimonio-IAMCYPA

La actuación de este sacerdote al frente del curato de Torunos, según palabras del presbítero doctor Enrique María Castro, fue de sumo beneficio para el pueblecito barinés. Actuación que el ilustre levita de Pedraza recoge en los siguientes conceptos: “En el desempeño del ministerio parroquial, dio el presbítero Cano pruebas evidentes de su espíritu emprendedor y progresista. Lo primero  que puso mano fue a la iglesia parroquial que encontró en muy mal estado, casi en ruina: la refaccionó notablemente en poco tiempo, y la proveyó de los ornamentos más necesarios. Su celo por la moralidad, buen orden en las familias y exacto cumplimiento de los deberes religiosos fue digno de un sacerdote que comprende bien las delicadas e importantes obligaciones de un cura de almas. Su espíritu emprendedor no se limitaba a las cosas estrictamente de su competencia, sino que se extendía al progreso general y material de su curato. Como era humilde,  se insinuaba con los vecinos, y los persuadía  a que mejorasen la parte material de sus casas, para que el pueblo tuviese un aspecto agradable a la vista de las personas de fuera que los visitaran, o que de transito para otros puntos le viesen. Influida con la autoridad local para que mantuviese la población en perfecto estado de aseo y limpieza: tarea está muy necesaria en un terreno tan feraz como el de los llanos de Barinas, en que el monte brota espontáneamente y crece de la manera más rápida. Así fue que en el tiempo que el pare Cano estuvo de cura en Torunos, este pueblo este pueblo mantenía un aspecto agradable por su aseo y limpieza. El, por su parte, entre otras cosas que hizo, planto con su propia mano una mata de mapora (chaguarama en otras partes) en la mitad de la plaza: mata que hizo traer de la selva inmediata y que 1869 (año en que yo me separe de Barinas) se elevaba a una grande altura. Se conservaba todavía en el pueblo la memoria de que aquella mapora la había sembrado el padre Cano en 1828[8].

PUNTO FINAL

Hasta aquí el capítulo dedicado al pueblo de Torunos. Un pueblo, cuyo nacimiento y desarrollo está muy relacionado con la brillante gestión realizada por Don Fernando Miyares en la colonial Provincia de Barinas. Un pueblo que contribuyo de manera notoria al progreso de la región, gracias a su cualidad de puerto  de la Ciudad de Barinas

TOMADO DE: Tosta, Virgilio. Ciudades, Villas y Pueblos Barineses. Caracas: Editorial Sucre, 1977, pp. 224.232

Transcripción: Liseth Marques. Agosto 2010


[1] Julio C. Salas, “Etnografía de Venezuela”, Edición de la Universidad de los Andes, Mérida, 1956.

[2] Archivo Nacional de Colombia, Bogotá, “Poblaciones”, Nº 1783, tomo 8º.

[3] Fernández de León notificó su aprobación a Miyares, en oficio de 1º de febrero del 88.

[4] Carta de Miyares fechada en la Ciudad de Barinas el 21 de junio del 88.

[5] Carta de Miyares para Valdés, fechada en Barinas el 10 de Noviembre del 88.

[6] Alejandro de Humboldt, “Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente”, Caracas, Talleres de Artes Gráficas (Escuela Técnica Industrial), 1942, tomo IV, págs. 463

[7] Apuntes Estadísticos del Estado Zamora“, formados de orden del Ilustre Americano, General Guzmán Blanco, Presidente de la República, Caracas, Imprenta Federal, 1876.

[8] Pbro. Dr. Enrique María Castro, “ Rasgos Biográficos de Algunos Curas Ejemplares de la Antigua Provincia de Barinas…’, Caracas, Imprenta de “La Región’, 1891.

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