Carta al General Francisco de Paula Santander (Trujillo, 29/11/1820)

Trujillo, 29 de noviembre de 1820 [1]       Descargar Documento

A S. E. el General F. de P. Santander.

Vd. verá que en las comunicaciones oficiales cuanto ha ocurrido en los últimos días. El armisticio no es ventajoso porque, establecida nuestra comunicación franca y ocupado buenas posiciones en una línea sin intermisión alguna, estamos en la mejor aptitud para continuar las operaciones llegado el tiempo, de lo cual creo no habrá necesidad, porque la mayor ventaja del armisticio es el término de la guerra, según se nos asegura. El tratado que regulariza la guerra nos hace un grande honor, porque ha sido propuesto todo por nosotros.

He visto a Morillo anteayer y creo ingenuamente que es un hombre regular y de intenciones buenas: que sus errores, como él dice, son obra de Enrile que justamente nos ha irritado contra él, porque aparece como el autor. Verdaderamente me ha gustado.

Se trabaja una relación de ocurrencias de nuestra entrevista que ciertamente va a ser admirable e increíble entre nosotros mismos. Desde Morillo abajo se han disputado todos los españoles en los obsequios a que nos han distinguido y en las protesta de amistad hacia nosotros. Un aplauso a nuestra constancia y al valor que ha singularizado a los colombianos, los víctores que han repetido al ejército libertador; en fin, manifestaciones de sus deseos por la amistad de Colombia a España, un pesar por los desastres pasados en que estaban envueltos su pasión y la nuestra, últimamente la pureza de este lenguaje que es ciertamente de sus corazones me arrancaron algunas lágrimas y un sentimiento de ternura hacia alguno de ello.

Hubo brindis de mucha atención y de la invención más bella, pero me han complacido sobre manera los del coronel Tello y general La Torre. El primero, “por los triunfos de Boyacá que han dado la libertad a Colombia”. El segundo, “por los colombianos y españoles que unidos marchen hasta los infiernos si es necesario contra los déspotas y los tiranos”. Morillo brindó, entre muchos otros particulares muy entusiastas y liberales, “por los héroes que han muerto combatiendo por la causa de su patria y de su libertad”.  En fin, sería necesario un volumen para decir los brindis que tuvieron lugar porque, como he indicado, cada español disputaba a los demás el honor de elogiarnos. Nosotros retribuimos a sus brindis con justicia y moderación y complaciéndolos bastantemente.

El general Morillo propuso que se levantase una pirámide en el lugar donde él me recibió y nos abrazamos, que fuese un monumento para recordar el primer día de la amistad de españoles y colombianos, la cual se respetase eternamente; ha destinado un oficial de ingenieros y yo debo mandar otro para que sigan la obra. Nosotros mismos la comenzamos poniendo la primera piedra que servirá en su base.

El general La Torre me ha agradado mucho: está resistido a ser solo español; asegura que no se embarcará jamás, sea cual fuere la suerte de la guerra; que él pertenece a Colombia y que los colombianos lo han de recibir como hermano. Esta expresión, hecha con mucha nobleza y dignidad, me ha excitado por él un grande aprecio. Me ha protestado que agotará todo su influjo para que la guerra sea terminada, porque está resuelto a no desenvainar la espada contra nosotros; que su influjo valdrá mucho, porque cree quedar con el mando del ejército, según anuncian que viene el permiso de retirarse al general Morillo.

No he visto un solo oficial que manifestase, ni en su semblante, deseos de continuar la guerra; pero ninguna ha tampoco indicado siquiera que la paz pueda obtenerse sino con la independencia. Todos ellos se prometen que no se disparará un tiro después del armisticio, porque a éste sucederá la paz.

Linares me ha asegurado que en Caracas se trata de hacer una junta de notables para mandar diputados que expongan en las cortes la situación de este país y la necesidad de arreglarse con el gobierno independiente. Morillo ofrece proteger estas solicitudes, si él va, como cree, y me ha dicho que mande mis diputados o plenipotenciarios y aun me indició que fuese uno Briceño.

Olvidaba decir a Vd. que Morillo trajo dos dibujantes para que marcaran los pasajes más notables, a fin de mandar sacar diferentes láminas a Europa para que corriesen en todas partes. En la pirámide deben figurarse también varios pasajes y las ideas para las inscripciones que debe tener son muy bellas.

Vd. ve mi querido Santander, que es preciso juzgar que la paz está cerca de nosotros, o que las cosas no debemos llamarlas como son. Si yo me equivoco en mis cálculos he sido engañado bajo los datos más ciertos.

Después de esta entrevista no parece regular que hablemos más en nuestros papeles públicos contra estos señores. Yo se lo he ofrecido así, y es menester cumplirlo, porque además conviene a nuestra política manifestar que no hemos sido nosotros los encarnizados enemigos de los españoles, sino cuando ellos lo han sido nuestros y que, cuando se entrevé la paz, los recibimos como amigos.

No haga Vd. uso de esta carta sino entre amigos, porque contiene pasajes que pueden comprometer a estos señores con su gobierno. Se remitirá la relación de este suceso que debe imprimirse, que hablará extensamente y que comprenderá la despedida, tan sensible y amistosa con nuestra llegada. Alcántara, que ha ido para esa, dirá a Vd. con especificación todas las ocurrencias, pues él me acompañó.

Al imprimir los tratados, especialmente el de regulación de la guerra, es menester hacer algún elogio de los negociadores españoles que son excelentes sujetos y muy humanos; pero se distinguirá al brigadier Correa que, sin duda, es el mejor hombre que pisa la tierra.

Alcántara va con un oficial español para notificar el armisticio en el Sur, y, afortunadamente, el último nos puede servir bien, porque es alegre y divertido. Apure Vd. la expedición del Sur para que la notificación la encuentre muy avanzada. Sobre esto no podré encarecer a Vd. la importancia y la actividad que debe tener para manejar el asunto, a fin de logar cuanto conviene a nuestros intereses sin comprometer la justicia, el honor y la buena fe.

Yo pienso ir a Barinas y Apure a recorrer esa línea, establecer los cuerpos y estar en Cúcuta para el establecimiento del congreso. Urdaneta quedará por aquí.

Adiós, mi querido amigo

Bolívar

P. D.- Haga Vd. sacar una copia de la memoria e instrucciones dirigidas por el virrey Montalvo a Sámano cuyo original tiene Vd. allá, y mándamelo, pero que sea luego, luego.

NOTAS:


[1]              “Carta del Libertador Simón Bolívar al General Francisco de Paula Santander” [Trujillo, 29 de noviembre de 1820], en: Simón Bolívar. Obras Completas (Cartas del Libertador comprendidas en el período de 20 de marzo de 1799 a 8 de mayo de 1824). Caracas: Ediciones Fotal, tomo I, 1964, pp. 514-519. Investigación y Compilación: Samuel Leonardo Hurtado Camargo y Robert Vela.

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