Calzadas y Montículos en Barinas


Montículos de Manaure. Fuente: José Esteban Ruiz Guevara. Barinas, piedras herradas. (1983)

Montículos de Manaure. Fuente: José Esteban Ruiz Guevara. Barinas, piedras herradas. (1983). Digitalización: Samuel L. Hurtado C. Archivo: Fhenavril

Humberto Febres Rodríguez

En buena parte del territorio de los estados Apure, Barinas y Portuguesa es posible encontrar restos de impresionantes obras de ingeniería indígena, vestigio de una antigua civilización que floreció en esos lugares. Se trata de construcciones de tierra, identificándose hasta ahora tres tipos principales: montículos, calzadas y campos elevados.

Los montículos son pequeños cerros artificiales, construidos por el hombre. Presentan base ovalada y altura variable. Más correcto sería hablar de conjuntos o complejos monticulares, pues generalmente se presenta en grupos de tres o más, con alturas y, posiblemente, fines diferentes. Respecto a su elevación sobre el terreno los hemos visto desde unos cincuenta centímetros hasta cincuenta metros, según señalamiento de Cartografía Nacional para el montículo dominante del conjunto de la Florida. En no pocas ocasiones, pero no podríamos afirmar que siempre, la construcción es aún más compleja pues cada conjunto parece estar asentado en un banco o terraplén que los contiene a todos.

Las calzadas son especies de lomos de perro o camellones de tierra compactados, que pueden alcanzar a varios quilómetros de longitud. Generalmente cruzan sabanas bajas, inundables, pudiendo ir su altura desde algunos centímetros hasta cuatro o más metros. Las que hemos visto presentan esas características, variando su altura entre los cuatro y los doce metros aproximadamente. En ningún caso hemos observado para una misma calzada variaciones en sus dimensiones que no se puedan atribuir a erosión o desgaste. Lo más cambiante sería la altura pues parecen seguir curvas de nivel. Por otra parte, debe pensarse que las construcciones originales, estaban a mayor elevación sobre el terreno y que tanto la erosión (natural y por uso como caminos), como la sedimentación, levantadora del piso, luego de los siglos que deben haber transcurrido desde su erección por los indios, han disminuido esas dimensiones. La asociación entre calzadas y montículos es evidente para cualquier observador y puede pensarse que una de las funciones de aquellas sea la de comunicación entre estos como lo sugiere el gráfico adjunto.

Montículo de Manaure. Fuente: José Esteban Ruiz Guevara. Barinas, piedras herradas (1983). Digitalización: Samuel l. Hurtado C, Archivo Fhenavril

Montículo de Manaure. Fuente: José Esteban Ruiz Guevara. Barinas, piedras herradas (1983). Digitalización: Samuel l. Hurtado C, Archivo Fhenavril

Los campos elevados son camellones levantados sobre el piso de la sabana. Distribución y estructuras pueden ser variables. Se han encontrados en distintos lugares en Centro y Sur América desde 1961. Los de Venezuela se ubican en el distrito Arismendi del estado Barinas, aproximadamente a 20 kms, al Norte del pueblo del Samán (Edo. Apure).Han sido investigados por el geógrafo norteamericano W. Denevan y la arqueóloga venezolana Alberta Zucchi. No cabe duda de que su construcción se hiso con fines agrícolas, pero falta aún mucho qué investigar sobre su importancia y utilización.

Calzadas y montículos, en cambio fueron conocidos por los conquistadores pero aún se desconoce el papel que desempeñaron en las sociedades indígenas. Los sobrevivientes de la expedición de Antonio Sedeño, al mando de los capitanes Antonio Reinoso y Diego de Lozada, parecen ser los primeros en avistarlas en territorio venezolano: según relato de Juan de Castellanos, Sedeño muere “Do el río de Tiznados desencierra/su licor a lo llano convertido”, allí la expedición toma un rumbo Suroeste hasta que “En continuación de su jornada/tierra se descubrió más andadera,/Más en tiempos de aguas anegadas/en su disposición y en su manera,/Do vieron prolijísima calzada,/Que fue más de cien leguas duraderas,/Con señales de antiguas poblaciones/Y de labranzas viejos camellones”. Así llegaron hasta el río Casanare y regresaron hacia Coro. Esto sucedía en 1537. Hacia 1542 Felipe de Hutten anda por las riveras del río Guaviare “caminando siempre por camino llano, alto y enjuto que por pocas partes de aquellos llanos se suele hallar ni se ha hallado” y luego, al aproximarse al país de los Omeguas, donde había un  pueblo o un cacique, llamado Quarica: “… caminaron cinco días por muy seguidos y ancho caminos, aunque por allí parecía la tierra inhabitable”. Todo esto según el decir de Fray Pedro Aguado. Que estas últimas descripciones estén referidas a las calzadas se deduce directamente de la lectura de la recién descubierta acta de fundación de Barinas, allí el capitán Juan Andrés Varela al hablar del sitio elegido para la fundación, dice: “… por ser como es muy conveniente por estar en el paraje de las calzadas largas que atraviesan por los dichos llanos adelante y se entiende van a salir a las dichas provincias de Ycoaraca y Gualcava”. Quarica o Ycoaraca es unos de los nombres del mítico Dorado y de lo anterior se deduce que para muchos de los conquistadores las calzadas eran, ni más ni menos, que “el camino de El Dorado”.

Sobre los montículos cabe referir que figuran también asociados del Dorado en la fundación de Guanare, pues a Juan Fernández de León se le concede licencia para dicha fundación como una avanzada hacia la conquista de las provincias de Cerrillos y la Laguna de Caranaca, otro nombre del fabuloso espejismo. Finalmente Fray Jacinto de Carvajal al hacer la crónica del descubrimiento del río Apure y el Jesuita Miguel Alejo Schabel, en informe a sus superiores, en forma totalmente independiente el uno del otro, refiere la leyenda de que dichos cerrillos o montículos fueron construidos por los indios para que Manaure, el deiao de Paraguaná “hiciera noche”, cuando huyendo de los belzares, cruzó estas tierras rumbo al sur. Arqueólogos e historiadores parece ser que menosprecian estas informaciones por presunta falta de seriedad, acusación esta que pudiera volverse contra ellos si o dan argumentos de peso para su actitud. Nosotros creemos que, despojándolas de las fantasías que evidentemente las adornan, estas noticias deben merecer alguna atención y ser utilizadas en la búsqueda de orientaciones para la investigación de nuestro pasado. Especialmente nos remitimos a la referencia del uso agrícola de las calzadas (Y de labranzas viejos camellones), así como de la relación posible entre los Caquetíos de Coro y Paraguaná con los habitantes aborígenes del Llano.

La ubicación de todas estas obras no es, naturalmente producto del azar, se encuentran citas en lo que geográficamente se conoce como Bolsón de Apure, correspondiente a la zona llanera de más bajo piso altitudinal, con elevaciones entre los 40 y los 80 metros sobre el nivel del mar. Es dable pensar que antes de la existencia de todas esas construcciones su aspecto debió ser de un mar interior, aún hoy en día es zona de fuertes inundaciones, pese al efecto de aquellas. Es lo cierto que mientras nuestros antepasados aborígenes encontraron uso par estas zonas inundables, y hasta podría afirmarse que sin sus obras ingeniales serían inhabitables aún para el ganado, las actuales generaciones con una tecnología presuntamente muy superior no encuentran que uso darles a estos territorios. Experimentos como los módulos de Apure, pese a toda la inconsecuencia con que se han realizado, demuestra la posibilidad de tratar de aprovechar aquella experiencia prehispánica. Investigar arqueológica y ecológicamente, las obras reseñadas, ensayar paralelamente con la experiencia así acumulada y mediante la consideración de ensayos similares en otros países como Kenya, Nigeria, Tanzania y México, debería ser tarea de quienes pretenden encarar consciente y fructíferamente el futuro de nuestros llanos.

FUENTE: Humberto Febres Rodríguez. “Calzadas y Montículos”. En: José Esteban Ruiz Guevara. Barinas piedras herradas.  Mérida Oficina de Relaciones Públicas de la Corporación de Los Andes, 1983,  pp. 13-16. Transcripción: Arlett Colmenares y Milagro Arguelle / Unidad de Patrimonio Cultural – Barinas

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Acerca de proyectodelaluzsh / Samuel Hurtado

Licenciado en Historia Cum Laude por la Universidad de Los Andes (2007) y Licenciado en Educación Mención Desarrollo Cultural por la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (2009). Ganador de Concurso Nacional Historia de Barrio Adentro capítulo Barinas con el trabajo: La Juventud, un periódico obispeño a fines del siglo XIX. Ganador del Concurso Juvenil “Conoce y Evalúa tú Patrimonio Inmaterial” convocado por La Unión Latina y La Unesco, capítulo Venezuela (2010) con la investigación: Las Panelas de La Luz: dulce tradición del llano barinés. Autor de Carlos Colmenares y el arte de esculpir: catálogo de sus obras y fuentes para su estudio publicado en el año 2008. Ha publicado en revistas nacionales e internacionales. Actualmente cursa la Maestría en Historia de Venezuela por la Universidad de Los Andes-Mérida y se desempeña como Jefe de la Unidad de Patrimonio Cultural de la Coordinación de Cultura de la Secretaría Ejecutiva del Poder Popular para la Cultura, Turismo y Deportes de la Alcaldía Bolivariana Socialista de Barinas.
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