El Teatro en Barinas


Mazzei, González Víctor

En la feria de octubre de 1949, en Lima, fue puesto en escena por un grupo de aficionados un auto sacramental de Lope De Vega. Fue por la noche, y en el atrio de la Catedral, como tenía que ser, conforme a la tradición. Estuvo precedido por juegos relampagueantes y sonora pirotecnia, y comenzó con la llegada de la tarasca, la monstruosa serpiente que vomita fuego, montada sobre una carretera tirada por cuatro bueyes negros con los cuernos sobredorados.

Los autos sacramentales son obras de teatro religioso relativas al sacramento de la transustanciación del pan y el vino en las que actúan personajes alegóricos, escritos en versos y desarrollados en una sola jornada, que se ponían en escena en las ciudades de España durante la celebración del Corpus Christi. Se considera que el primero de ellos fue el Auto de San Martinho, escrito por Gil Vicente para que fuera representado en la fiesta del Corpus en 1504. Eran piezas muy breves al comienzo, y con el autor Juan de Timoneda, en la segunda mitad del siglo dieciséis, alcanzaron su estructura definitiva, con una extensión de mil versos, poco más o menos. Los autos sacramentales de Lope De Vega se distinguieron por su fuerza lírica y dramática. A Lope le siguieron otros autores célebres, entre los cuales hay que mencionar, en primer término a Tirso de Molina y a Pedro Calderón de la Barca. Los autos sacramentales de Calderón comenzaron a ser puestos en escena hacia 1630; de ellos dice el profesor español José Onrubia de Mendoza “Logra (Calderón) en ellos la perfecta fusión de la anécdota con la alegoría, de lo teológico con lo artístico, de lo teatral con lo religioso, de lo literario con lo escultórico, lo pictórico y lo musical, con lo que sale de sus manos esta creación barroca que es el auto sacramental en su plenitud”. A Calderón lo siguen otros autores que se continúan hasta el siglo dieciocho. Parece ser que el último auto sacramental se escribió en 1753.

En el siglo dieciséis era ya una tradición en las ciudades, villas y pueblos de España la puesta en escena de los auto sacramentales por comediantes de oficios, y así acontecía también en la América española, Felipe III y Felipe IV le dieron mucho auge a las artes y a las letras, y lo dieron, igualmente a esta clase de festividades. Felipe III solía hacerse llevar las danzas de las celebraciones del Corpus Christi y las representaciones de los auto sacramentales a los sitios reales donde él se encontraba.

Las representaciones de Madrid fueron de mucha esplendidez y mucha fama. Se ponían en escena dos autos sacramentales cada año, previamente censurados por el Obispo. Para organizarlas y celebrarlas había una comisión llamada junta del Corpus, de la que eran miembros el corregidor de la Villa, dos regidores y el secretario del ayuntamiento, y que eran presididas por un funcionario de la corte. Esta junta se ocupaba de los contratos con las compañías de teatro y de preparar los conjuntos de gigantes y gigantillas y de las danzas de las procesiones, de las carreteras y los tablados para las representaciones, de la hechura de la tasca, de la determinación de los lugares, las fechas y las horas de las comedias, de las gradas para los espectadores, de los toldos, de los premios. La tarasca, como ya se dijo, era gran figura de dragón o de serpiente que representaba el poder infernal, sobre lo cual, por lo común, una figura de mujer, que simboliza el triunfo de la virtud sobre el mal. Las carretas que iban tiradas por bueyes, eran un componente importante para la farsa porque en ella se trasladaban por caminos y calles las personas que debían intervenir en el acto teatral y la utilería necesaria para puesta en escena. Cuando llegaban las carretas al tablado, que era lo que modernamente llamamos el escenario, se las colocaba a su lado, como un anexo; comenzaba el despliegue teatral y se procedía a hacer la representación

En los primeros tiempos se representaba el auto sacramental al concluir la procesión, y frente a la iglesia. Más tarde, con el propósito de que todos tuvieran oportunidad de asistir, se hacían varias representaciones; una para el rey, otra para el Consejo de Castilla, otra para los miembros del Ayuntamiento y otra para el pueblo, y se las denominaba corros al rey, carros al Consejo, carros a la villa y carros al pueblo, porque se empleaban dos carreteras para la representación de cada auto sacramental.

Era tradición lo que se conmemoraba en la feria de octubre de 1949 en la ciudad de Lima, en el Perú.

Desde el siglo dieciséis, en la mayoría de las ciudades hispanoamericanas hubo representaciones dramáticas, pero Lima y México fueron las ciudades donde alcanzó su mayor esplendidez el teatro colonial. Los misioneros, por su parte, y muy especialmente los jesuitas, compusieron comedias “para aficionar a los indios a los misterios de nuestra rendición”, dice el Inca Garcilaso de la Vega.

El misionero jesuita Miguel Alejo Schabel estuvo de visita en Barinas en 1704 y dejó escrita una singular relación de la actividad teatral que había en la ciudad por aquellos años. Según él, las cofradías estaban encargadas de solemnizar la fiesta de virgen, y elegían, al efecto, al alférez portabandera y a tres capitanes. De las solemnidades formaban parte las comedias, que debían ser escogidas y organizadas por el portabandera; el Capitán de la pólvora debía cuidar que en las noches de comedia la plaza estuviese adornada e ilumunada con lámparas, y que el acto teatral fuese procedido por abundantes fuego artificiales

Durante las festividades que el misionero Schabel presenció en Barinas, en Barinitas, para decirlo con entera propiedad fueron puestas en escenas ocho comedias “escogidas, decentes, en idioma español e impresas en España”; fueron representadas en el teatro erigido en la plaza, de noche, con luces y lámparas. “Pocos europeos creerán que éstas se pudiesen hacer en el nuevo mundo, tan bárbaro y tan lejos de las cortesías europeas. Algunas de ellas se podrían exhibir en cualquiera ciudad europea muy dignamente”. Desde la vigilia de la fiesta de la virgen, el 8 de diciembre hasta la fiesta de Santa Lucía, continúa explicando, se presentaba una todas las tardes y todas empezaban con canto y música de instrumento. Había las llamadas pandor-gas, que eran una especie de teatro popular, en las cuales se montaban entremeses y otras piezas cortas sin escenarios y sin lámparas. “No solo los blancos hicieron las comedias-agrega Schabel; también los esclavos representaron las suyas”.

No hay motivos para creer que estas actividades escénicas desarrolladas en Barinas en los días en estuvo allí el jesuita Schabel fueran una celebración excepcional. Puesto que corresponde a un tradicional modo de docencia cuidadosamente aplicado a los pueblos hispanoamericanos para propagar la fe testimonios anteriores o posteriores al del misionero Schabel no basta para disipar la razonable suposición de que él se refería a una tradición barinesa, en materia de teatro. “Las Cofradías instituyen anualmente tales solemnidades-escribe-; de año en año convienen los cofrades en la iglesia, en las mismas fiestas”.

En los últimos años del siglo dieciocho se hacía en Barinas teatro escolar. Por las navidades de 1790 fue puesta en escena en ciudad una comedia corta en la que Antonio Nicolás Briceño, escolar trujillano de unos nueve años de edad, personificó admirablemente al diablo. El público pedía a voces que Briceño volviera al escenario, y varias veces hubo de salir, dice una crónica trujillana, para complacer la reiterada petición de la concurrencia. De entonces le quedó a Antonio Nicolás Briceño el apodo de El diablo.

Se han conservado testimonios, igualmente, de las actividades teatrales que se desarrollaban en Barinas a mediados del siglo diecinueve, por la época en que gobernaba la provincia el Coronel Agustín Codazzi. Codazzi fundó en Barinas in pequeño teatro, y los ensayos los dirigía él mismo, con la colaboración de su hermana, dice Hermán Albert Schumacher.

Diversos periódicos informan de la labor teatral realizada en Barinas en el siglo veinte. En 1915 fue representada una pequeña pieza escénica en la que actuó un grupo de escolares; allí trabajaron Luis, Alberto Arvelo Torrealba y sus hermanas María Lorenza y Aura Atilia, juntamente con María Luisa Medina Febres, Blanca Torrealba, Josefa Figueredo Escobar y Rubén Isaac, Tapia Peña. Doña Atilia, la madre de los Arvelo Torrealba, era maestra y era la gran promotora de la actividad teatral en la ciudad.

Por el año de 1924, en la Leyenda del tigre de Valentín de Pedro, obra basada en un episodio de la vida de Facundo Quiroga actuaron Aura Atilia, Alberto y Pompeyo, Arvelo Torrealba y Alba Acosta Francis, Graciela Traspuesto, Concha y Rosalía Palacio, María Berta Arvelo, Rodrigo Núñez, Santiago Traspuesto, José León Tapia Encinoso y otros. Algunos de ellos eran de Barinitas. Alberto y Atilia personificaron a Facundo y a Severa Villafañe. Todavía se recuerda en Barinas la excelencia de la actuación de aquel grupo de entusiastas teatreros barineses. Algunos años después, y acaso por el regusto que produjo la presentación de 1924, esta obra fue puesta nuevamente en escena, pero ya no estaban en Barinas todos los actores que formaron el elenco de la primera vez.

En de 1926 anunciaba el periódico local Patria y Unión que se preparaba el estreno de una comedia, Bromas causan Amores, y de un sainete, Un nuevo Tenorio, por un grupo escénico formado por escolares. Ambas obras fueron escritas por el director de la Escuela Federal “Roscio”, José Joaquín de León. Patria y Unión publicó en sus páginas, por aquellos mismos días, la comedia Bromas causan Amores

Con ocasión de las fiestas patronales de 1927 se representó la obra Doña María la Brava, de Eduardo Marquina, bajo la dirección de Atilia de Arvelo y de María Lorenza Arvelo de Parra.

Por los años treinta era ya María Lorenza Arvelo de Parra el genio director. Alberto Arvelo Torrealba escribía Florentino el que cantó con el diablo, un drama en cuatro actos que él dejó inconcluso. En 1936 se escenificó El Médico a Palos, de Moliere. El Teatro, en Barinas, ganaba prestigio; trabajaban varios grupos escénicos. Alicia Costa Francis, directora de la escuela privada mixta “Juan Andrés Varela”, realizó también labor teatral con un grupo de sus escolares, en noviembre de 1936, a beneficio de la construcción del Hospital Luis Razetti.

En 1937 representado el drama Florentino, el que cantó con el diablo, de Alberto Arvelo Torrealba, en un arreglo de María Lorenza, la hermana del poeta, y Alberto mismo, el autor de la obra, hizo la personificación de Florentino.

En el liceo Daniel Florencio O’Leary suele haber actividad teatral. Las primeras labores de esta naturaleza realizadas en el plantel fueron, probablemente las de presentación que hizo un grupo de estudiantes de un drama en cuatro actos, Amor que hiere, en diciembre de 1949, a beneficio de los damnificados de la inundación del río Guaire. Trabajaron esa vez en la escena Trino Méndez Figueredo, Rafael Ríos, Alix Sánchez, Olga González, Arminda y Adolia Peña.

La UNELLEZ, en 1977 creó en Barinas el teatro Universitario Félix Salazar, nombrado director, fundó el respectivo grupo universitario de teatro. Este grupo, bajo la dirección de Salazar, hizo su primer montaje en octubre de 1977 con la obra Diez velas de a locha por un bolívar, del venezolano Guillermo De León Calles.

También se hacía teatro en los pueblos interioranos del Estado. En Sabaneta, en 1927, trabajaron Pedro Mazzei, Roberto Paolini, Salustiano Yusti, Arturo Díaz, Manuel Márquez, Estílita Mauhad y algunas otras personas en la puesta en escena de la obra Justicia Humana, drama en un acto, y también de un sainete, en 1928, con un equipo más numeroso, se hizo la presentación de la obra “A tal culpa, tal castigo”, de Miguel Eduardo Pardo, y por 1929 o 1930 fue representada otra obra, de la cual no se ha logrado obtener ninguna información. Hubo allí buena labor teatral en octubre de 1932 y en julio de 1933. En febrero de 1934 fue escenificada La muerte civil, de Paolo Giacometti. El gran actor venezolano Teófilo Leal tuvo noticia de esta puesta en escena de la obra de Giacometti, y se sabe que habló con asombro de la audacia de los jóvenes teatreros de Sabaneta.

En Santa Rosa se trabajó en teatro en 1934 y en los años sucesivos; dirigía el grupo teatral don Carlos Oraá Zúñiga.

También en Libertad, por esos mismos años, fueron puestas en escena algunas obras.

El teatro, por ser labor de representación, somete situaciones al juicio del público, y éste las aprueba o las censura. Por los años del gomecismo, durante el gobierno del general Sálvano de J. Uzcátegui, fue puesta en escena en Barinas una obra breve en la que dialogan tres damas jóvenes, una de las cuales representaba a una india, otra a España y la otra a Venezuela. En un cierto momento del espectáculo España decía algo a Venezuela que hacía crítica al gobierno de Juan Vicente Gómez, y Venezuela le respondía con razones que defendían al dictador. Para manifestar su desaprobación por lo que Venezuela decía en su parlamento, el joven Cipriano Heredia César pitó a la muchacha, y animadas por su actitud, numerosas personas la rechiflaron. Cipriano fue arrestado por orden del general Uzcátegui, Presidente del Estado.

FUENTE: Mazzei González, Víctor. “El Teatro en Barinas” en Parángula (Revista del Programa de Cultura de la Unellez). Barinas, año 14, nº 14, 1997, pp. 11-14. Trancripción: Milagro Argüelles y Arlett Colmenares

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Acerca de proyectodelaluzsh / Samuel Hurtado

Licenciado en Historia Cum Laude por la Universidad de Los Andes (2007) y Licenciado en Educación Mención Desarrollo Cultural por la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (2009). Ganador de Concurso Nacional Historia de Barrio Adentro capítulo Barinas con el trabajo: La Juventud, un periódico obispeño a fines del siglo XIX. Ganador del Concurso Juvenil “Conoce y Evalúa tú Patrimonio Inmaterial” convocado por La Unión Latina y La Unesco, capítulo Venezuela (2010) con la investigación: Las Panelas de La Luz: dulce tradición del llano barinés. Autor de Carlos Colmenares y el arte de esculpir: catálogo de sus obras y fuentes para su estudio publicado en el año 2008. Ha publicado en revistas nacionales e internacionales. Actualmente cursa la Maestría en Historia de Venezuela por la Universidad de Los Andes-Mérida y se desempeña como Jefe de la Unidad de Patrimonio Cultural de la Coordinación de Cultura de la Secretaría Ejecutiva del Poder Popular para la Cultura, Turismo y Deportes de la Alcaldía Bolivariana Socialista de Barinas.
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