Florentino y el diablo.


José Romero Bello y Juan de los Santos Contreras contribuyeron a la difusión del poema "Florentino y El Diablo" a través de la música. Fuente: Parángula, nº 9, año 7, 1990

Humberto Febres R.
(Barinas mayo 1990)

La leyenda. La vida del llanero, inestable, nómada, y su afición  a la música,

Componente esencial de su cultura, suelen conducir a las leyendas. El caso de Quirpa, célebre cantador muerto en forma violenta, dando su nombre a un joropo es ejemplo de lo que se afirma. No se necesito ni de discos ni de la radio para que algunos copleros extendieran su fama mucho más allá de los lugares que recorrían su canto. Con el tiempo se fue formando la imagen de un cantador o coplero que se destaque y se sienta seguro y orgulloso de su condición es, con pleno derecho, un aspirante a florentino, una encarnación del cantador legendario.

Yo soy el coplero errante
Que va cruzando la tierra
Y mis coplas van naciendo
De mi vida y de mi ciencia.

Así canta uno de ellos en grabación realizada en 1973 en la población de Maporal (Barinas); añadiendo más adelante:

Siempre ha sido mi destino
Cantar todo lo que sepa.

La conjunción de ambas coplas definen al personaje: su propia vida, su experiencia personal, lo que ve en su errancia, es la materia de su canto: paisajes, situaciones, miserias, injusticias, amor, dolor. Y es su obligación, su destino, divulgarlo por toda la llanura.

Pero Florentino solo puede haber uno en cada ocasión, el mejor de todos ellos,

El que se imponga a los demás; de allí el contrapunteo que va  a permitir dilucidar quién es mejor que cual. Cuando un coplero adquiere destino, según afirman el maporalero. Así Florentino, el mítico, el coplero errante, debió enfrentar al diablo en persona en un momento determinado. La leyenda es la narración de esa confrontación, con más o menos detalles y, lo más importante, el nombre del vencedor y las razones de su triunfo.

L existencia supuesta del coplero errante, portavoz de un mundo, de una comunidad o una etnia, parece exigir, en su desarrollo o continuación en el tiempo, la confrontación con seres sobrenaturales o poderosos representantes de otro pueblo u otro mundo. Sería su realización como héroe cultural. En regiones regidas por el catolicismo, el papel del contendor pertenece, casi por derecho propio, a Satanás.

Existe, pues, la leyenda simple de Florentino como coplero errante, la cual debe haber tenido sus avatares. El contrapunteo con el diablo, correspondería a fecha más reciente. La primera noticia, documentada, corresponde a la academia Nacional de la Historia, pronunciado 11-5-1924 habla de la porfía entre un bardo rustico, Florentino, y el maligno, donde “el primero gana la prez de la victoria”. Presenta luego algunas de las coplas y termina diciendo:

“Ve el diablo cansado  a su contendor, y canta:

Zamuros de la barrosa,
Del alcornocal del frio
Señores, les pido albricias
Pues ya Florentino es mío

A lo que el otro redarguye:

Zamuros de la barrosa
Del alcornocal de abajo
Miren ahora, señores,
Al diablo pasa trabajos.

Con lo cual, y la magnífica, Oportunamente rezada, desaparece el príncipe de las tinieblas y
Queda dueño del campo su contendor”.

Poco después el 26-11-1925 en fantoches, aparece una versión presentada por Manuel Mirabal Ponce. Su información coincide con la de Machado, y termina con dos copias, con las cuales Florentino pone en fuga a su contenedor:

Llaneros del Alto Llano,
Llaneros del Llano Abajo,
Ahora mirarán, hermanos,
Al Diablo pasa trabajo
Válgame la virgen pura,
Santísima Trinidá.
El santo Niño de Atoche,
San Pedro de Bogotá.

En ambas versiones el nombre del coplero es Florentino la leyenda, quedaba al resto de los Muchos Florentinos que en el Llano existieran el ir Enriqueciendo el romance con coplas y otros detalles.

Esto es cuanto tenemos de leyenda, antes de que sea tocada por la literatura. Algunas reflexiones:

a)    Para la década de los veinte parece estar firmemente establecida, existiendo ya cierta elaboración, visible en las coplas presentadas.

b)    El nombre del coplero es Florentino, no Cantaclaro.

c)    Se sabe que la leyenda como tal no es exclusiva ni de los llanos, ni de nuestro país más bien su presencia entre nosotros en el siglo XX, puede calificarse de tardía.

d)    El diablo es derrotado. Este resultado de la confrontación no es el más frecuente en las manifestaciones de la misma (o similar) leyenda en otras regiones o culturas.

e)    El triunfo de Florentino solo es posible mediante el auxilio o intervención de fuerzas sobrenaturales. Quiere decir que la victoria no ha sido (o será) fácil.

f)     Más, pero mucho más importante que indagar su origen seria tratar de precisar razones o situaciones que la hacen aparecer en nuestro medio en el preciso instante en que lo hace. Digamos que como leyenda universal se mantuvo “latente” durante mucho tiempo y que pudo hacerse presente en cualquier otro momento de nuestro devenir, todo lo cual sugiere que no es casual el momento (tardío) de su aparición y arraigo.

g)    Creemos que las leyendas, al igual que otras manifestaciones del pensamiento y del sentir humano, tienen un sentido profundo que va más allá de su simple descripción; no son narraciones simples o inocentes, tienen, o aspiran a tener, una significación más amplia, una trascendencia.

h)   La conjunción de un momento determinado con la trascendencia del mensaje implícito en la leyenda, apunta en el sentido de algún tipo de crisis o situación especial en la región o ámbito cultural, teatro de los acontecimientos.

i)     Igualmente creemos que tienen, en el momento de hacerse presentes, un espacio cultural definido, sin negar la posibilidad de que esos linderos iníciales puedan ser desbordados, especialmente en lo relativo al sentido

Profundo que antes le atribuíamos.

j)     Concretando, no estaríamos en condiciones de precisar si los alcance nacional. Igual reflexión de su difusión.

Claro que para intentar responder, siquiera parcialmente, los interrogantes planteados, ameritaría la realización de una investigación nada fácil de realizar y aun por hacer.

Entrando ahora en el ámbito literario tenemos dos autores destacados que han considerado el tema. En primer lugar, Rómulo Gallegos. En “Doña Barbará” (1929) nos encontramos con una versión de las coplas que nombra a los zamuros de la Barrosa, pero totalmente fuera del contexto y sin hacer mención ni alusión a la leyenda. Seria en 1934, con la publicación de “Cantaclaro”, cuando Gallegos la tome para su explotación novelística. Mantiene el nombre de Florentino pero elude el enfrentamiento de los contendores, haciendo desaparecer al coplero en la inmensidad de la llanura o en el vórtice de la montonera, de la violencia, quedando la conseja de que “…a Florentino se lo llevo el diablo”. Es decir, Gallegos tomo tema y personajes, pero haciendo los cambios necesarios para adecuarlos a sus propios objetivos ideologicos,

Doctrinarios o didácticos. Nos queda, pues, el poema de Alberto Arvelo Torrealba “Florentino y el Diablo” en sus varias versiones.

Arquetipos.

Al asumir Arvelo la cultura llanera como propia, con conciencia de las limitaciones instrumentales que con ello adquiría y haberse ocupado desde muy temprano de la leyenda de Florentino, una de sus tareas, consciente o no, debió ser la de fijar un perfil del prototipo humano representante de ese particular universo, es decir, debió buscar, imaginar, sentir, vivir el arquetipo llanero. Desde la primera versión del “Florentino y el Diablo” (1940) nos da, en la primera parte. El Reto, una silueta del personaje que se orienta hacia un arquetipo; esta presentación va a tener muy pocas variaciones en las sucesivas versiones y donde mejor se condensa es en la estrofa con la cual Florentino acepta el reto que un jinete sombrío (el Diablo) acaba de lanzarle:

Sabana, sabana, tierra
Que hace sudar y querer,
Parada con tanto rumbo,
Con agua y muerta de sed,
Una con mi alma en lo sola
Una con Dios en la fe;
Sobre tu pecho desnudo
Yo me paro a responder:
Sepa el cantador sombrío
Que yo cumplo con mi ley
Y como canté con todos
Tengo que cantar con él.

Aquí se respira, se siente un aire de solemnidad, de trascendencia.

Dice J.L. Borges:

“en mi corta experiencia de narrador, he comprobado que saber cómo habla un personaje es saber quién es, que descubrir una entonación, una voz, una sintaxis peculiar, es haber descubierto un destino” (Obras completas 1923-1972, EMECE, p. 181).

Elemire Zolla, por su parte, escribe:

“los arquetipos son imagines que imaginan y sueños que sueñan” (“los arquetipos”, Monte Ávila Editorial 1983. P 171).

Asumida una cultura y fijados ciertos paradigmas, podría pensarse que ya el trabajo estaba hecho. Pero no sólo estaba alinderado el espacio donde se moverían los actores. Como señalara el propio Arvelo: “La poesía no es magia ociosa, es trabajo dentro de un mundo mágico”

FUENTE: Febres, Humberto R. “Florentino y El Diablo” en Parángula (Revista del Programa de Cultura de la Unellez). Barinas, nº 9, año 7, octubre 1990, pp. 4-7. Trancripción: Carmen Martínez

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Acerca de proyectodelaluzsh / Samuel Hurtado

Licenciado en Historia Cum Laude por la Universidad de Los Andes (2007) y Licenciado en Educación Mención Desarrollo Cultural por la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (2009). Ganador de Concurso Nacional Historia de Barrio Adentro capítulo Barinas con el trabajo: La Juventud, un periódico obispeño a fines del siglo XIX. Ganador del Concurso Juvenil “Conoce y Evalúa tú Patrimonio Inmaterial” convocado por La Unión Latina y La Unesco, capítulo Venezuela (2010) con la investigación: Las Panelas de La Luz: dulce tradición del llano barinés. Autor de Carlos Colmenares y el arte de esculpir: catálogo de sus obras y fuentes para su estudio publicado en el año 2008. Ha publicado en revistas nacionales e internacionales. Actualmente cursa la Maestría en Historia de Venezuela por la Universidad de Los Andes-Mérida y se desempeña como Jefe de la Unidad de Patrimonio Cultural de la Coordinación de Cultura de la Secretaría Ejecutiva del Poder Popular para la Cultura, Turismo y Deportes de la Alcaldía Bolivariana Socialista de Barinas.
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